DESAYUNO CON CONTENIDO: LOS ASPECTOS ÉTICOS DE LA ATENCIÓN CENTRADA EN LA PERSONA, con Ester Busquets

29 octubre 2018 | Intress

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La profesora de ética de la Universidad de Vic hizo su ponencia ‘La grandeza de la pequeñez’ alrededor de la ética y el cuidado del otro, poniendo en el centro de la atención a los pequeños detalles del día a día.

El Palacio de Congresos, La Llotja de Lleida, fue el escenario para presentar un tema clave en todos los servicios que implica la atención centrada en la persona y poder abrir el debate sobre la ética aplicada en el cuidado de las personas atendidas .

Poner en el centro la ética significa que cada día, en el cuidado de las personas, es importante cómo lo hacemos y que queremos hacerlo mejor cada vez y por ello, haremos reflexión y dos acciones muy importantes, según nos cuenta Ester Busquets: «Hay que parar, detenerse un momento y ver dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Y luego, hay que tomar distancia porque sino, no podremos ver con nitidez lo que estamos haciendo«.

Cuando hablamos de la atención a las personas, ya sean personas mayores, niños, personas con alguna dificultad física o cognitiva, hay que analizar críticamente y racionalmente las acciones que estamos llevando a cabo; ¿lo hacemos todo lo mejor que podemos?¿ Estamos respetando la persona y como quisiera ella que hiciéramos las cosas? Y una vez hemos reflexionado después de nuestra parada, como está Ester Busquets: «Hay que volver a la realidad para seguir y aplicar acciones de mejora«.

La profesora de filosofía y ética de la Universidad de Vic puso especial atención al ejemplo surgido de la novela del escritor ruso, Léon Tolstoi, La Muerte de Ivan Ilich. En esta obra, tanto filosófica como literaria, se habla de cómo Guerassim, uno de los mozos de la casa que cuida al acomodada y burgués Ivan Ilich, lo cuida y lo acompaña hasta su muerte teniendo en cuenta pequeños detalles del día a día, que hacen que el entonces su dueño, tenga una muerte digna y sea respetado hasta el último aliento.

Este texto dio nombre a la conferencia, ‘La grandeza de la pequeñez’ y de él podemos extraer las pautas clave para seguir con una mirada ética, todo lo que rodea la atención centrada en la persona. Los puntos clave de este cuidado son:

– La disponibilidad para con el otro

– La paciencia

– La comprensión, en cada uno de los momentos en que se pueda encontrar la persona atendida

– La afabilidad

– La alegría: «No la risa para reír, sino está alegre porque forma parte del talante del cuidador y cuidadora«, nos remarcaba Busquets.

Llegados al final de la ponencia, salen aún temas de interés, como que los profesionales deben serlo porque están preparados y tienen las competencias necesarias y porque, sobre todo, creen en este modelo fuera del papel y están convencidos de que hay que ponerlo en práctica. Cuando se trabaja con personas, cada pequeño detalle cuenta para cambiar el ambiente de trabajo, o en estos casos con personas mayores, una residencia o centro de día. Asimismo, la forma en que se hace la intervención puede llegar a transformar la salud y el estado de ánimo del otro. Y en cada caso, tendremos que estar atentos a cómo nos recibe la otra persona, dejarla participar de su cuidado y escucharla.

Para finalizar la mañana de presentación, se abrió un turno de palabra donde se pudieron palpar las preocupaciones de los y las profesionales que atienden a personas: ¿cómo se deben cuidar ellas? ¿Cómo actuar en los casos que la atención a la persona atendida se contraponga con lo que piensan los familiares o el entorno? ¿Cómo podemos ser fieles a un modelo centrado en la persona si los centros no se flexibilizan en cuanto a horarios o la atención personalizada en cada caso?

Dudas y percepciones que María Coll, responsable del área de personas mayores de Intress, resumió poniendo en valor que este modelo ya se puede vivir en la realidad en los centros de mayores que gestiona la entidad: «Una de las vivencias más claras que me marcó en la vida es cuando una mujer con Alzheimer avanzado de una de las Notro residencias me encontró y me dijo ‘no se quien eres, pero se que te quiero’. Y aquí entendí que esta atención personal, tratando a las personas de manera individual y atendiendo a sus necesidades particulares, es lo que marca la diferencia cuando tratamos con personas «.

Cuidar es una acción bidireccional, cuidamos y nos cuidan, damos y recibimos, y en eso coincidieron todos y todas las profesionales que vinieron a la presentación; y es que con los pequeños gestos de cada día es como se puede transformar la realidad del mundo, y al mismo tiempo, transformar la propia vida.

 

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Escribe Coloma Reynés, directora del área de Promoción de la Autonomía El edadismo es una de las formas de discriminación más normalizadas y, a menudo, invisibles. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 2 personas en el mundo mantiene actitudes edadistas. Y no es un tema menor: diversos estudios muestran que el edadismo se relaciona con una peor salud física y emocional, un menor acceso a oportunidades sociales y laborales, e incluso con una reducción de la esperanza de vida de hasta 7,5 años en quienes interiorizan estos prejuicios. El edadismo no se manifiesta únicamente en comentarios como “ya no puedes” o “a tu edad no toca”. También se refleja en gestos cotidianos: actitudes que infantilizan, decisiones tomadas sin consultar, actividades diseñadas desde estereotipos o silencios que dejan fuera a las personas mayores. Cuidado con cómo celebramos Incluso en ocasiones bienintencionadas, como el Día Internacional de las Personas Mayores, podemos caer en sesgos edadistas. A menudo se plantea como un día únicamente festivo —con bailes o comidas— reduciendo la diversidad de intereses de las personas mayores a lo lúdico, dando por hecho que todas las personas mayores comparten los mismos intereses. Pero la franja de edad es amplia y diversa: hay personas que quieren bailar, otras que desean debatir sobre política, aprender nuevas tecnologías, crear arte o reflexionar sobre sus derechos. Reducir las celebraciones solo a lo festivo puede invisibilizar esa pluralidad de intereses y deseos. Sin embargo, este día debería ser mucho más que una fiesta. Es una fecha para reclamar derechos, recuperar espacios y hacer visibles las voces de quienes tantas veces han sido silenciadas. No se trata de renunciar a la alegría, sino de darle sentido: Disfrutar reivindicando Celebrar mientras exigimos una sociedad libre de edadismo Combatirlo desde la comunidad El edadismo no se combate solo con leyes o campañas, sino con acción comunitaria. Cuando un barrio, un centro de día, un grupo vecinal o una asociación crean espacios de participación real, se rompen estereotipos. Las personas mayores dejan de ser vistas como una “carga” y se reconocen como lo que siempre han sido: vecinas, referentes, creadoras de vínculos y protagonistas de su presente. El poder de los pequeños gestos La transformación empieza en lo cercano: Escuchar de verdad y no dar por hecho lo que una persona quiere o necesita Fomentar que las decisiones sobre actividades, proyectos o rutinas se tomen con las personas mayores, no para ellas Reconocer la experiencia y el deseo de cada persona, aunque no encaje en lo que “se espera” a cierta edad Cada gesto cuenta: desde preguntar antes de ayudar hasta dar valor al talento y la voz de quien tenemos delante. Mirarnos como profesionales Quienes acompañamos en el día a día debemos cuestionarnos: ¿nuestras intervenciones refuerzan la autonomía o la limitan? A veces, sin ser conscientes, reproducimos conductas edadistas: Hablar en diminutivo Tomar decisiones sin consultar Diseñar actividades basadas en estereotipos y no en intereses reales Hiperproteger y sobrecuidar La conciencia profesional es clave para transformar la práctica. El primer paso es reconocer que el edadismo existe en nuestro día a día. El segundo, atreverse a cambiarlo. Pedaleando hacia otro modelo Hoy en los centros de Intress celebramos el III IntressTour: la carrera de bicis estáticas contra el edadismo. Será un reto deportivo y simbólico: superar los 1.500 km pedaleados por 15 pelotones, casi la mitad solidarios. Cada kilómetro será un recordatorio de que sí podemos avanzar hacia un modelo más justo, más comunitario y más humano. El edadismo no es abstracto: impacta en la salud, la dignidad y la calidad de vida de millones de personas. Combatirlo empieza en cómo miramos, hablamos y nos relacionamos. El edadismo se combate en comunidad, pero desde la individualidad.

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