Someterse para sobrevivir no es consentir. Artículo de opinión.

27 abril 2018 | Intress

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¿Cómo se los podemos explicar a nuestros compañeros, algunos ya lo saben, que las mujeres cuando volvemos a casa solas y es oscuro, tenemos miedo? Cómo les podemos explicar que sentimos miedo porque nos sentimos indefensas ante su fuerza? ¿Cómo podemos pedirles que empaticen con nosotras si ellos nunca han experimentado este miedo? ¿Cómo les podemos explicar nuestras pesadillas para que entiendan que son ellos quienes tienen la clave del cambio?
Las mujeres entre nosotras sabemos que es poco probable que una chica de dieciocho años quiera tener relaciones con cinco hombres desconocidos. Porque nuestra sexualidad está disfrazada, por la industria pornográfica, de un liberalismo que no es real. Y porque de alguna manera la sexualidad se ha convertido en una lucha de poder y sometimiento.

 

Me gustaría escuchar a muchos hombres diciendo que ellos nunca disfrutarían de una relación de cinco a una, porque en una relación así no puede haber la voluntad de hacer disfrutar al otro. Me preocupa ver que haya tantos hombres que creen que una mujer disfruta de ser penetrada simultáneamente vía oral, anal y vaginal. ¿En qué momento han aprendido esto?
Me gustaría que más hombres se preguntaran que en el supuesto caso que fuera verdad que ella hubiera consentido, ¿cómo es posible que una chica joven se ponga en riesgo de este modo? Y que se pusieran las manos a la cabeza pensando que una chica puede aceptar tener relaciones sexuales sin protección con unos desconocidos. Porque lo que la mayoría de las mujeres pensaríamos en este caso es que necesita ayuda. Tendríamos que escucharla para entender cuáles son las circunstancias que la han llevado a actuar de este modo. De hecho, lo que muchas pensamos y por eso la creemos a ella, es que esto no es normal.

 

¿Cómo podemos hacer que algunos hombres entiendan, otros ya lo saben, que esto para nosotros es gravísimo? Es un ataque inhumano. Esta sentencia nos ataca a todas porque nos dice que no tenemos opciones. Nos dice que si nos paralizamos o sometemos, no estamos respondiendo a un instinto de supervivencia, sino que estamos consintiendo. Y también nos dice que nos pongamos en riesgo y que luchemos, aunque en la lucha podamos perder incluso la vida.
¿Cómo podemos decirles a algunos, otros ya lo saben, que gran parte de las mujeres tampoco queremos ni tan sólo venganza? Lo que queremos es volver por la noche a casa tranquilas. Lo que realmente importa no es si están 9 o 20 años en la prisión. Nos gustaría que los hombres entendieran que lo que realmente importa es que como sociedad, los tratemos y les enseñamos que esto que ha pasado es inhumano. Que esto no se puede hacer. Que esto no se hace. Y que nunca más vuelvan a pensar que tienen el poder y la potestad para coger una mujer como si fuera un objeto y hacer con ella lo que les apetezca. Que lo que realmente importa es que no lo repitan nunca más y que reparen el daño que han ocasionado. ¿Cómo podemos hacerles entender que lo que realmente importa es que no haya más violaciones, ni abusos?

 

Me gustaría pensar que estos días muchos padres han hablado de sexo con sus hijos. Y de respeto. Y les explicaron que una relación tiene que ser consentida y que el consentimiento no siempre es explícito. Y que ante la duda, uno puede preguntar o retirarse. Que no pasa nada para retirarse. Que retirarse es respetar. Que la frustración que genera el rechazo se puede gestionar. Y que gestionar las emociones es una herramienta clave para que los niños y niñas aprendan a poner nombre al lo que les pasa y para que sepan interpretar el lenguaje no verbal de los otros. Que al final, es la clave de la empatía. Y gracias a ella, podemos entender si lo que estamos haciendo le gusta o no al otro. Y es en la empatía donde podemos ver que una chica de dieciocho años cierra los ojos y se deja hacer porque lo que quiere es sobrevivir.

 

 

Un artículo de opinión de:

Meritxell Campmajó Garcia: 

Diplomada en Trabajo Social al ICESB de Barcelona. Miembro de la Comisión de Ámbito Penitenciario y Ejecución Penal (CAPEP) de ECAS y de la Mesa de Participación Social. Ha ejercido durante muchos años de educadora, coordinadora y directora de un centro de acogida para niños de 0 a 12 años. Desde 2012 trabaja en el ámbito de la justicia, dirigiendo el programa de Medidas Penales Alternativas que gestiona la asociación INTRESS a las demarcaciones de Girona, Lleida, Tarragona y Tierras del Ebro. Ha sido una de las impulsoras el programa de acompañamiento postpenitenciario que gestiona la misma entidad y participa en el desarrollo de proyectos innovadores.

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