ESTUDIO DE LA VIOLENCIA SEXUAL SIN RECUERDO EN BALEARES

30 marzo 2021 | Intress

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En España, 3 millones de mujeres han sufrido violencia sexual a lo largo de su vida. Este tipo de delito, además, es el menos denunciado en nuestro entorno (0,7% del total de denuncias). Y los principales factores de vulnerabilidad que van asociados son: la edad de la víctima -a menudo menor de edad-, la falta de recuerdo, la diversidad funcional, o el hecho de que el delito se cometa en entornos rurales. Cuando, además de todo esto, se analizan las violencias sexuales sobre las mujeres (y hombres) en las que hay sumisión química o una afectación por consumo de alcohol, lo que resulta es que el acto queda a menudo impune, que es difícil poder denunciar, que la autoría muchas veces se desconoce, y, en conjunto, que se pone el foco en la actuación de la víctima («no tuvo suficiente cuidado, fue imprudente, bebió demasiado …»), mientras que no se focaliza la atención en el papel del agresor. De hecho, se trata de una violencia muy estigmatizante donde la revictimización es alta.

Un estudio promovido por el Instituto Balear de la Mujer, llevado a cabo por profesionales de Intress, analiza hasta 240 sentencias por violencia sexual en que se contempla el bajo número de personas condenadas por este hecho al cabo del año. El análisis revisa sentencias judiciales emitidas entre 2015 y 2020 en Baleares, selecciona las que afectan adultos o menores, y compila 54 ítems para cada una de ellas. El 76% fueron condenatorias, y más de la mitad contaron con la conformidad del agresor, especialmente cuando había un menor de edad como víctima. En conjunto eran 243 mujeres víctimas, y 42 niños menores. En personas adultas se describe la victimización sobre todo en entornos de ocio, pero en niños ocurre en los entornos familiares. La casi totalidad de personas agresoras eran hombres (sólo 5 mujeres), con una edad media de 39 años. En el 64% de casos, las personas imputadas no tenían ningún tipo de antecedentes.

El estudio llevado a cabo por las profesionales de Intress en las áreas de Justicia y Comunidad e Igualdad y Género pone de manifiesto que en ninguna de las sentencias, el testimonio de la víctima nunca favoreció una condena, pero sí que ha influido en los casos de absolución de la persona procesada. En total, el estudio registra 14 casos de sumisión y vulnerabilidad química. A menudo, los agresores reconocen la relación sexual efectuada pero no admiten que existiera delito de ningún tipo. Entre las recomendaciones que hacen las autoras destaca que hay desnormalizar la violencia sexual. Además, recogen un pliego de propuestas que se dirigen a la sociedad en su conjunto, pero sobre todo al sistema judicial y penal.

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8M: Manifiesto de Intress para la igualdad de género

Con este manifiesto, ponemos el foco en las mujeres con discapacidad. Es crucial abordar las violencias machistas desde una perspectiva interseccional, que tenga en cuenta cómo se cruzan distintas desigualdades. Desde Intress, con equipos de profesionales coordinados y especializados para la prevención, detección y erradicación de las violencias machistas, nuestro compromiso es firme e inequívoco: la lucha por la igualdad y no discriminación de las mujeres, sin dejar ni una atrás. En el área de Igualdad y Feminismos de Intress, contamos con 202 profesionales en 29 servicios, que dan atención a más de 21.000 mujeres y familias al año. Además, Intress es una entidad fundada por mujeres, hace ya 40 años, y 8 de cada 10 trabajadoras de Intress son mujeres. Estamos muy orgullosas de este recorrido, pero aún nos queda mucho camino por delante. Porque la igualdad solo será real cuando lo sea para todas las mujeres, sin excepción. ¡Feliz 8M a todas! 💜
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Cuando cuidar es trabajo… y el trabajo no siempre cuida

Con motivo del 8M este domingo, compartimos un artículo de Paula Monterde. Educadora social especializada en violencia intrafamiliar y de género, es parte del equipo del Servicio de Atención y Recuperación a las Violencias Machistas de Intress en Barcelona (SARVM-BCN). Este artículo forma parte de la exposición ReV·Belades, disponible hasta el 2 de abril en el Centro Cultural La Modelo. A través de la fotografía analógica, las educadoras sociales del SARVM-BCN nos invitan a reflexionar sobre qué es la educación social y cómo se entrelaza con la precariedad del sector y el ser mujer. Cuando cuidar es trabajo… y el trabajo no siempre cuida  Reflexiones sobre la feminización y precarización del sector social  Autora: Paula Monterde, educadora social del SARVM-BCN El 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, es una jornada de reivindicación colectiva. Nace de las luchas de las mujeres trabajadoras por condiciones laborales dignas, derechos sociales y reconocimiento político. No es una celebración individual, sino una fecha para señalar desigualdades estructurales que todavía hoy atraviesan nuestra vida cotidiana.  El 8M nos invita a hacernos una pregunta incómoda pero necesaria: ¿quién sostiene la vida y en qué condiciones? Y, sobre todo, ¿qué pasa con aquellos trabajos imprescindibles que, precisamente porque sostienen la vida, a menudo quedan invisibilizados?  Un sector profundamente feminizado  El sector social, y especialmente los servicios de cuidados y de acompañamiento, es uno de los más feminizados. En el Estado español, entre el 85 y el 90% de las profesionales del sector son mujeres. En ámbitos como la educación social, la atención residencial o el acompañamiento a mujeres que han sufrido violencia machista, esta presencia femenina es todavía más elevada.  Esta feminización no es casual ni neutra. Cuando un trabajo se feminiza, a menudo también se desvaloriza: baja el reconocimiento social, bajan los salarios y aumenta la precariedad. Esto pasa porque estos trabajos se han construido históricamente como una extensión de lo que las mujeres han hecho, y hacen, de manera gratuita en el ámbito privado: cuidar, escuchar, sostener, organizar la vida cotidiana. Cuando una tarea se percibe como “natural”, deja de ser vista como una competencia profesional y pasa a entenderse como una disposición personal.  El resultado es político: si cuidar parece innato, no hay que pagarlo mejor; si parece vocacional, no hay que protegerlo; si parece invisible, no hay que reconocerlo.  Precaritzar también es una forma de desigualdad  La precarización no siempre es evidente. No es solo cobrar menos. Tiene que ver con como el sistema organiza y prioriza este tipo de trabajos, y con el lugar que ocupan dentro de la estructura económica y política.  Se concreta en:  Contratos temporales o a tiempo parcial  Jornadas que se alargan  Disponibilidad constante  Dificultades para desconectar  Cargas emocionales que no aparecen en ninguna nómina  De hecho, más del 70% de los contratos a tiempo parcial en el sector de los cuidados están ocupados por mujeres, y los salarios se sitúan por debajo de la media de otros sectores con niveles similares de responsabilidad.  Todo esto forma parte del día a día de muchas profesionales del sector social. Y, de nuevo, esta realidad afecta sobre todo a mujeres.  Del sistema a lo cotidiano: el trabajo en un servicio residencial  Todo esto toma una forma muy concreta en servicios como el SARVM-BCN, un recurso residencial para mujeres y sus hijos e hijas supervivientes de violencia machista.  Es un servicio que funciona las 24 horas del día, que acompaña procesos vitales profundos y que sostiene situaciones de gran vulnerabilidad. No solo en momentos de crisis, sino también en el día a día, cuando no pasa “nada especial”.  La intervención no se limita a entrevistas, informes o planes de trabajo. Pasa sobre todo por el cotidiano.  Pasa en cómo empieza el día y en cómo se acaba. En cómo se acompaña a una madre cansada. En cómo se habla con un niño. En una decisión pequeña que, en realidad, es enorme. Al poner un límite que protege. Al sostener un silencio. O al reír juntas de algo aparentemente insignificante.  Estas acciones no siempre se registran, pero son las que construyen seguridad, confianza y vínculo. Espacios que no siempre se ven, pero que sostienen todo el resto.  Un trabajo que sostiene… pero también desgasta   Este trabajo lo hacemos, mayoritariamente, educadoras sociales. Mujeres que acompañamos a otras mujeres en procesos de reconstrucción, autonomía y recuperación después de la violencia.  Es un trabajo que exige presencia constante, capacidad de escucha, flexibilidad y una fuerte implicación emocional. Hay que sostener historias duras, tomar decisiones complejas y estar disponibles en momentos que no siempre se pueden prever.  Todo esto tiene un impacto. No solo emocional, sino también físico y mental. El cansancio se acumula, la desconexión cuesta y los límites entre el trabajo y la vida personal a menudo se difuminan.  Y, a pesar de esto, estas condiciones no siempre se reflejan en el reconocimiento laboral, en los salarios o en los tiempos asignados.  Aquí aparece la paradoja, que también es política: acompañamos procesos de cuidado y reparación dentro de un sistema que no siempre cuida a quién acompaña. La vocación, el compromiso y la responsabilidad se dan casi por descontados. Cómo si cuidar no cansara. Cómo si no tuviera coste.  Por qué esto también es 8M  Hablar de la feminización y la precarización del sector social es hablar de feminismo. De desigualdades estructurales. De la división sexual del trabajo. De los cuidados como pilar invisible del sistema.   El 8M también es esto: poner luz sobre los trabajos que sostienen la vida y sobre los cuerpos que los sostienen.  Las fotografías de esta exposición no buscan idealizar la profesión ni romantizar el sacrificio. Buscan hacer visible aquello que normalmente queda fuera del foco.  Porque cuidar es trabajo. Y el trabajo que cuida, merece ser cuidado.     Referencias:  Encuesta de Población Activa (EPA). Tercer trimestre 2025. Instituto Nacional de Estadística. Enlace. Consejo General de Colegios de Educadoras y Educadoras Sociales. Enlace. Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de Cataluña. Enlace.
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Falta muy poco para ReV·Beladas, ¡no te lo pierdas!

El próximo martes 3 de marzo en Barcelona inauguramos la última edición de ReV·Beladas — especial 8M — con un espacio de diálogo entre educadoras sociales. Ven a conectar con compañeras del sector y a disfrutar de una preciosa muestra de fotografías y textos. Reflexionaremos juntas sobre qué es la educación social, como se entrelaza con la precariedad del sector y el ser mujer, y como avanzar en estrategias de mejora. Os invitamos a la mesa redonda “Revelando el trabajo invisible de la educadora social” Arrancamos en la sala de actos del Centro Cultural la Modelo, el martes 3 de marzo de las 11:00 a las 12:00, y acabamos con una visita guiada de la exposición (hasta las 12:30). La mesa redonda será moderada por Magda Jou, directora del Servicio de Atención y Recuperación a las Violencias Machistas (SARVM-BCN) de Intress. Participarán: Laura Labiano, directora del recientemente inaugurado Servicio de Intervención Especializada de Intress en l’Hospitalet de Llobregat. Laura Cañadell y Castellano, pedagoga especializada en políticas de género y directora en funciones de Servicio Residencial del Consorcio de Servicios Sociales de Barcelona. Paula Monterde, educadora social del SARVM-BCN de Intress especializada en violencia intrafamiliar y de género. Amal Ymlahi Chriyaa, integradora social en un Centro Abierto (servicio de intervención socioeducativa dirigido a niños y adolescentes de 3 a 18 años y a sus familias) finalizando los estudios de Educación Social por la UB. Será un espacio abierto a la participación del público. ¡Que no falte tu voz! 📆 Martes 3 de marzo 2026 ⏰ De las 11:00 a las 12:30 horas 📍 Sala actos Centro Cultural La Modelo (Calle Entença, 155, Barcelona) Actividad gratuita. No requiere inscripción previa.

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