EL GÉNERO EN TIEMPOS DE PANDEMIA

10 junio 2020 | Intress

Featured image

Autoras: Cristina Caso Chamorro y Concepción Méndez Martínez

En recuerdo de Ana Frank, niña judía de 12 años que vivió confinada junto a su familia durante 2 años y que fue capaz de trasladarnos con su Diario la capacidad de sobreponerse a la adversidad, dejando por escrito su visión positiva de aquella situación, sin rendirse ni renunciar a sus más íntimos anhelos.

Mientras se ha hecho viral en redes sociales el mensaje que reconoce el papel de mujeres presidentas de varios países con la Sra. Merkel a la cabeza, y se resalta su capacidad de organización y minimización del daño del Covid 19 en sus respectivos estados, surge en nosotras el orgullo y la alegría por tan merecido reconocimiento a mujeres valiosas, sabias y capaces. Al mismo tiempo, echamos de menos el reconocimiento y gratitud a las mujeres que tenemos al lado. Hay miles de mujeres, las que pueblan nuestras ciudades y barrios, las que dinamizan y ponen en marcha la realidad de cada casa. Heroínas a las que nadie aplaude al acabar el día.

Esta pandemia está teniendo consecuencias psicológicas para todas y todos. Desde un aumento considerable de la ansiedad, -derivada del aislamiento y de la incertidumbre, entre otros factores-, depresión, hasta otros trastornos psicológicos que están debutando, con el paso de los días, con una mayor intensidad. Pero todo este impacto, por supuesto, tiene diferencias de género sustanciales que agravarán las desigualdades previas.

Los datos nos revelan que los hombres ven más afectada su salud en esta pandemia (en España han fallecido el doble de hombres que mujeres), también son los que más conductas de riesgo suelen tener, sin embargo, son las mujeres las que tienen un rol más peligroso y expuesto, y también las que han soportado una mayor carga.

Las mujeres representan el 74,2% de la fuerza de trabajo en el sistema sanitario, lo que las sitúa en primera línea de exposición, más si cabe, en estos momentos de crisis sanitaria. Los cuidados esenciales para atajar esta pandemia no se limitan exclusivamente a este ámbito, sino que se extienden al ámbito escolar donde el 79,1% del profesorado de la enseñanza no universitaria es mujer y han sufrido la sobrecarga y doble exigencia de simultanear el rol profesional y el personal. Las profesiones de cuidados (menores, mayores y personas dependientes) son ejercidas en un 90% por mujeres.

Muchas de estas mujeres se sienten sobrepasadas con la mayoría de las tareas domésticas, con el cuidado y el seguimiento de la enseñanza escolar de sus menores, con su propio trabajo –si es que siguen conservándolo-con la animación y el entretenimiento de sus pequeños/as, con el cuidado de personas mayores o dependientes y con los conflictos domésticos generados y acentuados por la situación de confinamiento. Todo este trabajo no remunerado que, en un 68% es realizado por las mujeres, confirma que los estereotipos y roles de género se han visto reforzados durante el estado de alarma.

Esta pandemia, nos dejará también un aumento de la precarización laboral, despidos, reducción de salarios…, muchas de las personas afectadas son mujeres, especialmente las de mayor edad, menor cualificación, migrantes. Ante este escenario tan desolador, muchas mujeres recurrirán a la prostitución, obligadas a trabajar en las calles, sometidas al abuso de sus prostituidores, más clientes y peores condiciones. Abuso y violencia es lo que les espera a las víctimas de trata, aumentando la vulnerabilidad de muchas de estas mujeres doblemente discriminadas: mujeres, migrantes, pobres.

Todas estas realidades van de la mano de un aumento de la violencia de género y sexual en el ámbito doméstico, ya que el confinamiento ha ofrecido el escenario ideal para que esto se produzca: aislamiento e impunidad. Para las víctimas es más difícil salir, pedir y obtener ayuda, moverse. La violencia de género ha aumentado un 36% con respecto al mismo período del año anterior. Las casas de acogida están colapsadas. Los procesos judiciales iniciados por las mujeres han quedado en stand by. Al tiempo que se verán perjudicadas por nuevas medidas como el Real Decreto Ley 16/2020 que prevé resolver por procedimiento sumario, entre otras cuestiones, las reclamaciones para bajar las pensiones de alimentos o compensatorias por las que se verán afectadas fundamentalmente las mujeres y las criaturas bajo su custodia.

Mujeres que no podrán volver a su trabajo en el servicio doméstico, única opción laboral para ellas, porque sus empleadores tienen miedo de contagiarse; las que han sufrido todo tipo de violencias durante el confinamiento, aisladas de amigos y familiares expuestas y a merced de sus victimarios. Mujeres que han soportado el confinamiento en infraviviendas, locales e incluso trasteros, o en la calle, muchas de ellas sin agua, ni luz, o aquellas con algún tipo de patología mental sin control de la medicación o actividad rehabilitadora, y las que perteneciendo a grupos de riesgo, han aceptado un empleo en un supermercado para poder alimentar a sus hijos/as.

¿Cuidados? ¿Conciliación?

Nadie pensó en ellas cuando se diseñaron las medidas de confinamiento y nos topamos de frente con la monomarentalidad .

A Tatiana la increpaban en la cola del supermercado y le impidieron acceder a él porque llevaba a sus dos hijos de 3 y 6 años con ella. ¿Dónde, con quién, iba a dejarlos? Claudia tiene un hijo de 12 años con autismo y la insultaban desde los balcones por salir a dar un paseo con él, pues tenerle encerrado en casa durante tantos días, era un infierno para el chico y para ella. ¿Alguien tuvo en cuenta estas y otras realidades?

La vida de las criaturas también cambió de un día para otro. Para ellos, el hecho de no tener contacto con amigos y profesores (figuras clave para ellos/ellas más allá de la familia), no haber podido salir a la calle con normalidad durante muchas semanas y ahora hacerlo con una distancia de seguridad – sumado al miedo que pueden absorber de sus principales figuras de cuidado-, puede ocasionar síntomas de estrés agudo y ansiedad. Vemos que esto se manifiesta en dificultades para dormir, aparición de tics, regresiones, irritabilidad.

Toda esta situación se agrava cuando los niños y las niñas se encuentran en entornos deprivados y vulnerables, afectados, entre otras pobrezas, por la de no tener Internet en sus casas. Este hecho paraliza e impide su aprendizaje y el contacto con su red familiar, dejándoles totalmente aislados y sumidos en un clima doméstico a veces conflictivo. Todas estas experiencias vividas, más la incertidumbre que genera el confinamiento, modifican las estructuras cerebrales y tendrán repercusión en la salud mental de los/las pequeños/as.

A pesar de todas estas circunstancias que conseguirían abatir a cualquiera, las mujeres siguen demostrando, una vez más, ser una fuente inagotable de resiliencia. Aun en las condiciones más extremas, siempre hay vínculos familiares rescatables, valores y principios que defender, proyectos más o menos viables de futuro que abordar, ellas son portadoras de una cultura con sus ritos y costumbres y a todas les gustaría contar su historia.

Son mujeres que no se rinden, mujeres que han demostrado y demuestran la capacidad de sobreponerse a la adversidad vivida y están reinventando nuevas herramientas y habilidades para lidiar y transformar esta nueva realidad: escuchándose más a sí mismas, tejiendo redes de apoyo entre ellas, y ayudándose colectivamente en sus procesos curativos. Con un poco de ayuda, pueden llegar a encontrar esa habitación propia y liberarse a través de ejercicios de relajación, de autocuidado y de introspección; y expresar sus emociones cambiando culpa y vergüenza por la defensa de su identidad, autoestima, valores y principios.
También los niños y niñas al igual que sus madres, están desarrollando sus estados de resiliencia. Los niños y las niñas suelen ser más proactivos en la resolución de problemas, eficaces, más flexibles y sociables; son capaces de construir su vida reforzándose en experiencias positivas y de mostrar control ante los acontecimientos cotidianos conflictivos.

Han sido capaces de seguir sus clases, aun con medios muy precarios. El confinamiento ha desatado su creatividad, su alegría, inventando bailes o complejas coreografías, diseñando nuevos juegos para compartir entre todos, nuevas reglas: cocina y aplausos en familia. Las madres y sus criaturas se están re-descubriendo y están aprendiendo a jugar juntos/as, a compartir emociones y a regularse; porque entre ellas/os sí están permitidos los abrazos.

En esta ecuación faltamos nosotras, también mujeres y profesionales en una relación de ayuda, acompañando en la distancia, aprendiendo a mantener la calma cuando al otro lado del teléfono se hace el silencio o el llanto, regulando emociones con nuestra voz, emocionándonos con ellas, sin perder el sentido del humor que a muchas les caracteriza, confirmándolas en su afán por superar las dificultades y apoyándolas en sus nuevos retos.

¿Qué nos vamos a encontrar ahora?

Una nueva realidad, que es también una oportunidad para cambiar las cosas, y que requiere de todos y todas solidaridad, creatividad, proactividad.

Categorías

Comparte:

Noticias destacadas

8m intress

8M: Manifiesto de Intress para la igualdad de género

Con este manifiesto, ponemos el foco en las mujeres con discapacidad. Es crucial abordar las violencias machistas desde una perspectiva interseccional, que tenga en cuenta cómo se cruzan distintas desigualdades. Desde Intress, con equipos de profesionales coordinados y especializados para la prevención, detección y erradicación de las violencias machistas, nuestro compromiso es firme e inequívoco: la lucha por la igualdad y no discriminación de las mujeres, sin dejar ni una atrás. En el área de Igualdad y Feminismos de Intress, contamos con 202 profesionales en 29 servicios, que dan atención a más de 21.000 mujeres y familias al año. Además, Intress es una entidad fundada por mujeres, hace ya 40 años, y 8 de cada 10 trabajadoras de Intress son mujeres. Estamos muy orgullosas de este recorrido, pero aún nos queda mucho camino por delante. Porque la igualdad solo será real cuando lo sea para todas las mujeres, sin excepción. ¡Feliz 8M a todas! 💜
8M Intress

Cuando cuidar es trabajo… y el trabajo no siempre cuida

Con motivo del 8M este domingo, compartimos un artículo de Paula Monterde. Educadora social especializada en violencia intrafamiliar y de género, es parte del equipo del Servicio de Atención y Recuperación a las Violencias Machistas de Intress en Barcelona (SARVM-BCN). Este artículo forma parte de la exposición ReV·Belades, disponible hasta el 2 de abril en el Centro Cultural La Modelo. A través de la fotografía analógica, las educadoras sociales del SARVM-BCN nos invitan a reflexionar sobre qué es la educación social y cómo se entrelaza con la precariedad del sector y el ser mujer. Cuando cuidar es trabajo… y el trabajo no siempre cuida  Reflexiones sobre la feminización y precarización del sector social  Autora: Paula Monterde, educadora social del SARVM-BCN El 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, es una jornada de reivindicación colectiva. Nace de las luchas de las mujeres trabajadoras por condiciones laborales dignas, derechos sociales y reconocimiento político. No es una celebración individual, sino una fecha para señalar desigualdades estructurales que todavía hoy atraviesan nuestra vida cotidiana.  El 8M nos invita a hacernos una pregunta incómoda pero necesaria: ¿quién sostiene la vida y en qué condiciones? Y, sobre todo, ¿qué pasa con aquellos trabajos imprescindibles que, precisamente porque sostienen la vida, a menudo quedan invisibilizados?  Un sector profundamente feminizado  El sector social, y especialmente los servicios de cuidados y de acompañamiento, es uno de los más feminizados. En el Estado español, entre el 85 y el 90% de las profesionales del sector son mujeres. En ámbitos como la educación social, la atención residencial o el acompañamiento a mujeres que han sufrido violencia machista, esta presencia femenina es todavía más elevada.  Esta feminización no es casual ni neutra. Cuando un trabajo se feminiza, a menudo también se desvaloriza: baja el reconocimiento social, bajan los salarios y aumenta la precariedad. Esto pasa porque estos trabajos se han construido históricamente como una extensión de lo que las mujeres han hecho, y hacen, de manera gratuita en el ámbito privado: cuidar, escuchar, sostener, organizar la vida cotidiana. Cuando una tarea se percibe como “natural”, deja de ser vista como una competencia profesional y pasa a entenderse como una disposición personal.  El resultado es político: si cuidar parece innato, no hay que pagarlo mejor; si parece vocacional, no hay que protegerlo; si parece invisible, no hay que reconocerlo.  Precaritzar también es una forma de desigualdad  La precarización no siempre es evidente. No es solo cobrar menos. Tiene que ver con como el sistema organiza y prioriza este tipo de trabajos, y con el lugar que ocupan dentro de la estructura económica y política.  Se concreta en:  Contratos temporales o a tiempo parcial  Jornadas que se alargan  Disponibilidad constante  Dificultades para desconectar  Cargas emocionales que no aparecen en ninguna nómina  De hecho, más del 70% de los contratos a tiempo parcial en el sector de los cuidados están ocupados por mujeres, y los salarios se sitúan por debajo de la media de otros sectores con niveles similares de responsabilidad.  Todo esto forma parte del día a día de muchas profesionales del sector social. Y, de nuevo, esta realidad afecta sobre todo a mujeres.  Del sistema a lo cotidiano: el trabajo en un servicio residencial  Todo esto toma una forma muy concreta en servicios como el SARVM-BCN, un recurso residencial para mujeres y sus hijos e hijas supervivientes de violencia machista.  Es un servicio que funciona las 24 horas del día, que acompaña procesos vitales profundos y que sostiene situaciones de gran vulnerabilidad. No solo en momentos de crisis, sino también en el día a día, cuando no pasa “nada especial”.  La intervención no se limita a entrevistas, informes o planes de trabajo. Pasa sobre todo por el cotidiano.  Pasa en cómo empieza el día y en cómo se acaba. En cómo se acompaña a una madre cansada. En cómo se habla con un niño. En una decisión pequeña que, en realidad, es enorme. Al poner un límite que protege. Al sostener un silencio. O al reír juntas de algo aparentemente insignificante.  Estas acciones no siempre se registran, pero son las que construyen seguridad, confianza y vínculo. Espacios que no siempre se ven, pero que sostienen todo el resto.  Un trabajo que sostiene… pero también desgasta   Este trabajo lo hacemos, mayoritariamente, educadoras sociales. Mujeres que acompañamos a otras mujeres en procesos de reconstrucción, autonomía y recuperación después de la violencia.  Es un trabajo que exige presencia constante, capacidad de escucha, flexibilidad y una fuerte implicación emocional. Hay que sostener historias duras, tomar decisiones complejas y estar disponibles en momentos que no siempre se pueden prever.  Todo esto tiene un impacto. No solo emocional, sino también físico y mental. El cansancio se acumula, la desconexión cuesta y los límites entre el trabajo y la vida personal a menudo se difuminan.  Y, a pesar de esto, estas condiciones no siempre se reflejan en el reconocimiento laboral, en los salarios o en los tiempos asignados.  Aquí aparece la paradoja, que también es política: acompañamos procesos de cuidado y reparación dentro de un sistema que no siempre cuida a quién acompaña. La vocación, el compromiso y la responsabilidad se dan casi por descontados. Cómo si cuidar no cansara. Cómo si no tuviera coste.  Por qué esto también es 8M  Hablar de la feminización y la precarización del sector social es hablar de feminismo. De desigualdades estructurales. De la división sexual del trabajo. De los cuidados como pilar invisible del sistema.   El 8M también es esto: poner luz sobre los trabajos que sostienen la vida y sobre los cuerpos que los sostienen.  Las fotografías de esta exposición no buscan idealizar la profesión ni romantizar el sacrificio. Buscan hacer visible aquello que normalmente queda fuera del foco.  Porque cuidar es trabajo. Y el trabajo que cuida, merece ser cuidado.     Referencias:  Encuesta de Población Activa (EPA). Tercer trimestre 2025. Instituto Nacional de Estadística. Enlace. Consejo General de Colegios de Educadoras y Educadoras Sociales. Enlace. Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de Cataluña. Enlace.
8M Intress

Falta muy poco para ReV·Beladas, ¡no te lo pierdas!

El próximo martes 3 de marzo en Barcelona inauguramos la última edición de ReV·Beladas — especial 8M — con un espacio de diálogo entre educadoras sociales. Ven a conectar con compañeras del sector y a disfrutar de una preciosa muestra de fotografías y textos. Reflexionaremos juntas sobre qué es la educación social, como se entrelaza con la precariedad del sector y el ser mujer, y como avanzar en estrategias de mejora. Os invitamos a la mesa redonda “Revelando el trabajo invisible de la educadora social” Arrancamos en la sala de actos del Centro Cultural la Modelo, el martes 3 de marzo de las 11:00 a las 12:00, y acabamos con una visita guiada de la exposición (hasta las 12:30). La mesa redonda será moderada por Magda Jou, directora del Servicio de Atención y Recuperación a las Violencias Machistas (SARVM-BCN) de Intress. Participarán: Laura Labiano, directora del recientemente inaugurado Servicio de Intervención Especializada de Intress en l’Hospitalet de Llobregat. Laura Cañadell y Castellano, pedagoga especializada en políticas de género y directora en funciones de Servicio Residencial del Consorcio de Servicios Sociales de Barcelona. Paula Monterde, educadora social del SARVM-BCN de Intress especializada en violencia intrafamiliar y de género. Amal Ymlahi Chriyaa, integradora social en un Centro Abierto (servicio de intervención socioeducativa dirigido a niños y adolescentes de 3 a 18 años y a sus familias) finalizando los estudios de Educación Social por la UB. Será un espacio abierto a la participación del público. ¡Que no falte tu voz! 📆 Martes 3 de marzo 2026 ⏰ De las 11:00 a las 12:30 horas 📍 Sala actos Centro Cultural La Modelo (Calle Entença, 155, Barcelona) Actividad gratuita. No requiere inscripción previa.

También podría interesarte