
28 enero 2026 | Intress
En el marco de la Jornada del Observatorio de Salud Mental de Intress “Jóvenes y malestar psíquico: ¿Qué sociedad queremos?”, celebrada el pasado mes de septiembre, tuvo lugar la conversación “Bienestar, soledad y juventud: dos visiones culturales”. El espacio reunió a Carles Feixa, catedrático de antropología social, y Martín Correa-Urquiza, doctor en antropología médica y salud internacional, para compartir miradas y reflexiones sobre el malestar psíquico en las personas jóvenes desde una perspectiva cultural y social.
Tras escuchar a las personas jóvenes a lo largo de la jornada y dialogar con otras miradas profesionales, ambos antropólogos propusieron levantar la vista y analizar el malestar juvenil desde una mirada amplia y contextual. Lejos de explicaciones individualizadoras, la conversación puso el foco en los factores sociales, culturales y relacionales que atraviesan la experiencia juvenil contemporánea y condicionan el bienestar emocional.
Tres aprendizajes clave de la conversación
1. El malestar juvenil no es individual, es estructural. Feixa subrayó que en la juventud actual confluyen varias crisis a la vez: la biográfica (propia de la adolescencia), la social y la del futuro. La precariedad, la dificultad de acceso a la vivienda, la incertidumbre vital o la crisis climática no son telón de fondo, sino parte central del malestar. Desde esta mirada, hablar de “generación de cristal” oculta los factores estructurales que atraviesan a las personas jóvenes y desplaza la responsabilidad hacia ellas.
2. Cuidar sin reducir: cuestionar la centralidad del diagnóstico. Correa-Urquiza invitó a revisar el uso que hacemos de los diagnósticos en salud mental. Sin negar su utilidad en determinados contextos, alertó del riesgo de que se conviertan en etiquetas que cierran el relato y colonizan la identidad de las personas. La antropología médica propone ampliar la mirada: integrar la experiencia vivida, las condiciones materiales y el contexto social para comprender el sufrimiento psíquico sin simplificarlo.
3. El vínculo y la escucha como tecnologías centrales del cuidado. Ambos coincidieron en la importancia del trabajo vivo en salud mental: la relación, la presencia y la escucha como elementos fundamentales del acompañamiento. Frente a respuestas automáticas, protocolos rígidos o medicalización excesiva, defendieron espacios donde el relato pueda emerger, donde el malestar se comparta y se piense colectivamente, y donde las personas jóvenes sean reconocidas como sujetos con voz y agencia.
La conversación cerró la jornada con una interpelación clara: repensar cómo acompañamos a las juventudes implica preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo y qué lugar les ofrecemos para existir, no solo para “funcionar”
Puedes recuperar la conversación completa en nuestro canal de YouTube: youtube.com/watch?v=rosZ1ikvm-4&feature=youtu.be





